Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luz.

Lucas 8, 16.

 

El proceso electoral nos deja muchas lecciones y una de las primeras nos recuerda lo difícil que puede ser ponernos de acuerdo. No es tema solo de los políticos, sino un asunto de todos nosotros en nuestra vida diaria: nos cuesta trabajo ponernos de acuerdo. Sin embargo, aunque difícil, es necesario.

Hace poco, en el concurso Mira y vive mi historia, un grupo de queridos exalumnos presentó un trabajo notable y creativo: una novela-gráfica en la que ¡un exalumno era candidato a la presidencia de México! y, como es lógico, enfrentaba un profundo conflicto de conciencia en muchos temas. En un primer momento, esa crisis era con él mismo. Tenía que encontrar acuerdo entre sus diferentes ideas, creencias, sentimientos y, luego, entre lo que pensaba, decía y hacía. No la tenía fácil. Y ¡qué bueno que así sea!

No estamos hechos para las cosas fáciles sino para las mejores. Para eso preparamos a nuestros jóvenes, pues sabemos que no la tienen, ni la tendrán, fácil. Ese es uno de los motivos esenciales de la educación: prepararnos para resolver los problemas que la vida, inevitablemente, nos plantea no solo en lo técnico, sino también y fundamentalmente, en lo humano.

Queremos que los jóvenes tengan los mejores instrumentos de conocimiento para resolver problemas y enfrentar los conflictos que plantea el mundo globalizado, para que sean felices, no para que tengan una vida fácil, porque el cristiano no está hecho para eso. El desarrollo humano y el progreso social se alcanzan a fuerza de resolver problemas, de enfrentar desafíos en todos los órdenes: el político es uno de ellos.

El número anterior de la revista Mira se refirió ampliamente a la política y los jóvenes, porque esa es otra de las grandes lecciones de este proceso electoral: los jóvenes son y serán siempre un principio de solución. Han de participar activamente en todos los ámbitos sociales para hacerlos evolucionar.

La política es una de las vías de expresión del compromiso cristiano en el mundo. Desde las primeras comunidades se afirmaba que “los cristianos cumplen todos sus deberes de ciudadanos” y hay entre los Santos un gran número de hombres y mujeres que han servido a Dios a través de su compromiso generoso en las actividades políticas y de gobierno, como Santo Tomás Moro, patrono de gobernantes y políticos.

El católico ha de participar en la vida política. Ya el Concilio Vaticano II reafirmó que «los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común». La Madre Trinidad recomendaba hacerlo con humildad “porque si la humildad desaparece todo se torna oneroso e insoportable”.

La política necesita de los católicos para resolver los retos sociales y globales en una síntesis de razón, fe y vida; ese es el camino de los acuerdos. Dicen que la política es el arte de lo posible y nada es posible sin acuerdos.

Nuestros jóvenes, bien preparados y con una sólida formación cristiana, saben lograr acuerdos, y tenemos la seguridad de que así alumbrarán este mundo, porque en nuestros hogares y colegios, no encendemos esas luces para que se oculten después.

 

Madre Salud Conde Nieto – directora del Colegio Miraflores