“Mi hijo de 15 años prefiere pedirle los permisos a su papá, pues sabe que es más probable que él diga ‘sí’ sin pedir detalles. Yo termino siendo la “mala” porque insisto en saber con quién va o llamo a los padres de la casa donde tendrá lugar la fiesta. Mi esposo dice que debemos tenerle confianza. ¿Cómo debemos actuar?”

Los padres enfrentamos el reto de mantener un balance entre los privilegios y la seguridad de nuestros hijos. Cuando uno de los dos es más protector y propenso a preocuparse, tiende a imaginar de manera más vívida los peligros que encontrará su hijo fuera de casa. El adolescente percibe de inmediato cualquier fisura en la unidad paterno/materna y se arrima hacia aquel de sus padres que sea más proclive a darle libertades. A fin de minimizar las fuertes emociones y los conflictos que surgen al tomar decisiones con respecto a los hijos, sigan estos pasos:

Hablen sobre el compromiso que ambos tienen con su matrimonio y con su rol de padres. Tanto su hijo como su relación se verán beneficiados si logran presentar un frente unido en cuanto a las reglas de la casa. Compartan los pensamientos que cruzan por sus cabezas cuando les pide un permiso. Ejs.: “Solo quiere divertirse”, “Hay que tenerle confianza”, “Me odiará si le digo que no”, “Sé que va a haber alcohol en la fiesta”… y platiquen sobre la forma de mitigar esas inquietudes.

Consideren el nivel de desarrollo de su hijo. La adolescencia es un periodo de inseguridad en el que los chicos desean pertenecer al grupo que parezca traerlas todas consigo y se sienten invulnerables a todos los peligros. Averigüen qué piensa, espera y sueña su hijo. Pregúntenle cómo puede convivir con sus amigos sin ponerse en riesgo ni causarles una excesiva preocupación. (Acéptalo: siempre te vas a preocupar, aunque sea un poco).

Decidan con anticipación los permisos básicos con los que ambos padres se sientan cómodos en determinados escenarios y prométanse que presentarán sus decisiones como equipo. Déjenle saber a su hijo cómo funcionan las reglas que aplican para fiestas y salidas. Cuando los sorprenda con un plan que no encaje en los permisos preestablecidos, respondan: “Hablaré con tu padre/madre de esto y luego te daremos una respuesta.” Después discútanlo en privado.

Establezcan mecanismos para expresar su mutuo respaldo. Una forma es dejar que el padre más estricto hable primero y que el otro lo apoye: “Tu madre/padre dijo que no y yo estoy de acuerdo.” Si su hijo presenta un argumento razonable, díganle que lo van a considerar de nuevo y háganlo en privado. Si cambian de opinión, que sea el padre más estricto quien le dé la buena noticia, a fin de ayudar a balancear la concesión.

Acuerden de antemano cómo actuar ante cualquier actitud o comportamiento negativo, de modo que su hijo perciba que se apoyan el uno al otro. Ej.: “No es correcto que le hables de esa manera a tu madre/padre y esta es la consecuencia…”

Conversen con su hijo sobre situaciones hipotéticas. Eso les reafirmará que será capaz de tomar buenas decisiones en circunstancias difíciles o riesgosas. Ej.: Saquen de manera casual en la conversación escenarios sobre los que hayan sabido sin mencionar nombres. Pregunten a su hijo qué hubiera hecho él en tal o cual situación. Si su respuesta es razonable, déjenle saber que les complace su forma de pensar y añadan algunas sugerencias. Si su respuesta no es satisfactoria, sugieran posibles consecuencias y pregúntenle qué otra cosa podría hacer en vez de eso.

Sepan que construir confianza y carácter lleva su tiempo. Háganle saber a su hijo que mientras más confiable demuestre ser, más confianza le van a tener. Quieren que se divierta, pero también lo aman y por ende, su seguridad es su principal preocupación. A veces deben tomar decisiones difíciles, pero al apegarse a las reglas le demuestran su amor, aun cuando se topen con una expresión de tristeza, decepción o enojo. No doblarse ante la presión cuando las cosas no les parecen seguras es una habilidad que esperan que su propio hijo ejercite cuando se aventure en el mundo.

Cuando sea necesario, busquen ayuda profesional, lo cual es muestra de amor, no de debilidad
Un terapeuta los puede ayudar a formular sus preocupaciones y conflictos, con el objeto de encontrar soluciones que funcionen para todos.

Ante la duda, recuerden que los adolescentes suelen admitir que los padres demasiado permisivos no se preocupan lo suficiente por sus hijos. Así que, muy en el fondo, saben que a veces un “NO” es en realidad un “SÍ” al profundo amor que sienten por él.

(La Dra. Lynda S. Madison es psicóloga clínica, autora y directora de FOCCUS, Inc. USA., especialista en temas relacionados con niños, familias y matrimonios.)

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