El voto implica una responsabilidad moral: los dictados de nuestra conciencia y nuestra fe no pueden estar separados de nuestras opciones políticas, ya que estas pueden contradecir la justicia y la verdad.

Por ello, hay que optar por aquellas propuestas que promuevan los valores de un verdadero humanismo, que pongan a la persona y su dignidad humana en el centro del servicio del quehacer político, por encima de los intereses particulares de los partidos o de sus ideologías.

 

Antes de votar, analiza qué partidos y candidatos promueven lo siguiente:

• La educación entendida no sólo como transmisión de conocimientos, sino como una formación integral que promueva los diversos valores de la convivencia humana: el respeto, la fraternidad, la corresponsabilidad, la justicia, la integridad; para que cuando llegue el momento de asumir las responsabilidades ciudadanas, los individuos sean capaces de contribuir a la construcción de una nación en la que haya justicia, seguridad y paz.

• El fortalecimiento de la familia, teniendo en cuenta que el matrimonio constituido entre un hombre y una mujer es la base de la sociedad humana y cristiana, impulsando la educación de las nuevas generaciones en los valores morales y cívicos para su integración en el desarrollo social de nuestro país.

• El combate a la injusticia social –presente en las desigualdades sociales y en la pobreza en la que vive sumida más de
la mitad de la población del país– mediante la generación de empleos justamente remunerados, programas sociales libres de paternalismos y clientelismos políticos que fomenten una cultura de trabajo, solidaridad, compromiso comunitario y ahorro.

• La lucha contra la cultura de la corrupción, que debe partir de un historial limpio de los candidatos, un compromiso tangible de sus partidos por combatir y repudiar la deshonestidad, así como propuestas que desalienten y sancionen rigurosamente esta práctica que hoy, por hoy, es el cáncer que consume al país y corrompe a las nuevas generaciones que ven en este mal algo natural o necesario.

• Iniciativas para el desarrollo económico del país, que requiere una serie de reformas constitucionales aplazadas una y otra vez por los intereses partidistas que frenan injusta e irresponsablemente el desarrollo de las futuras generaciones.

• El combate al crimen organizado, que es deber irrenunciable del Estado, respetando en todo momento los derechos humanos y la salvaguarda de la paz social, no sólo con el uso legítimo de la fuerza, sino mediante una educación para la paz
–basada en los valores morales y cívicos–, que rehaga el tejido social y nos conduzca a una reconciliación nacional.

• El cuidado, la protección y la integración social de las personas más vulnerables: ancianos, indígenas, niños y discapacitados, combatiendo toda discriminación, maltrato y marginación.

• El cuidado de la ecología y la preservación de los recursos naturales de la nación, sensibilizando en su cuidado, combatiendo su explotación y contaminación, y educando a las nuevas generaciones en la responsabilidad de los bienes de la tierra que nos han sido confiados por Dios.

• El respeto a la vida, el primero de todos los derechos, desde el momento de la concepción hasta su fin natural. Los católicos debemos estar atentos al compromiso de los candidatos y de sus partidos con la vida.

• La libertad religiosa, derecho humano fundamental que beneficia en primer término, a la pluralidad de los creyentes para expresar libremente su fe y, sólo en segundo lugar, a las instituciones que los agrupan.

 

La política es un ejercicio de poder que se justifica en la medida en que se ponga al servicio del bien común, de la impartición de la justicia y de la construcción de la paz.

La Iglesia Católica nos llama a participar activamente en las próximas elecciones mediante la emisión de un voto consciente y responsable. Y después, nos exhorta a vigilar que las autoridades electas cumplan sus promesas y compromisos.

Pidamos al Espíritu Santo su luz para que sepamos discernir y emitir nuestro voto conforme a nuestra conciencia cristiana, eligiendo responsablemente a los gobernantes que necesita nuestro país.