El movimiento “Yo Soy 132” ha despertado un interés del que carecía esta elección presidencial. Una juventud que parecía narcotizada despertó cuando comenzó a utilizar las redes sociales para provocar una reacción en la sociedad. Aunque no se sabe qué tan efímero será su efecto, por lo pronto despertó el león dormido y representantes de las nuevas generaciones demostraron que son capaces de levantarse y unirse para exigir lo que a su juicio es lo mejor para el país.

Hay quien dice que la reacción fue espontánea, otros sospechan que fue orquestada. A decir de testigos presenciales, todo empezó con la molestia que surgió entre los universitarios de la Ibero durante la visita de Enrique Peña Nieto a esa casa de estudios, cuando –tras percatarse de que parte del auditorio estaba ocupado por simpatizantes traídos de fuera–, no encontraron una respuesta satisfactoria a sus cuestionamientos. Esta molestia se incrementó al ver que algunos medios no daban una cobertura objetiva y veraz a lo acontecido, dando a entender que los estudiantes que manifestaron su inconformidad habían sido “acarreados y porros”, haciendo eco del presidente del PRI, quien con desatino político declaró que los organizadores de las protestas eran infiltrados y no estudiantes. En una regresión a la vieja intolerancia que en nada favoreció a su candidato, otros políticos priístas pidieron que se investigara y detuviera a quienes fueran responsables.

Los acusados produjeron un creativo video que se difundió de manera viral en las redes sociales, con el fin de “probar que éramos alumnos expresándonos libre-mente” y de “responder a todas las personas que nos difamaron después de la visita a la Ibero, a quienes nos llamaron acarreados, porros y otras cosas, y afirmaron que no eran actos auténticos”. Este video fue producido con poco dinero y menos palabras, pero logró transmitir un mensaje sencillo y certero mientras uno a uno, 131 alumnos de la Ibero pronunciaban su nombre y mostraban su credencial para derrumbar la versión de que eran infiltrados.

Tal fue su impacto, que miles de personas se unieron a la iniciativa replicando el twitt #YoSoy132. “Los 131 dimos una respuesta por las redes sociales, que es nuestro medio de comunicación. La ciudadanía mexicana se solidarizó con nosotros y creó este movimiento ciudadano que se llama ‘Yo Soy 132’, en apoyo a nosotros y a la consigna de abrir los medios (de comunicación)”, explicó Barberena, estudiante de la Ibero, quien puntualizó que el movimiento se generó “por la falta de democratización de los medios que creen que pueden hacer con la opinión pública lo que sea y pues eso no es justo para los mexicanos”.

Televisa intentó contrarrestar la mala imagen causada por la exposición que hicieron estos jóvenes, de lo que consideran una encomienda de seguir línea por parte de esa televisora y otros medios, dándoles voz en sus espacios informativos, al menos mientras pasaba el escándalo. Fue así como los jóvenes dieron una lección a las generaciones mayores que permanecen pasivas, evidenciando su conformismo y su falta de compromiso social y juicio crítico.

Algo inédito fue el poder de convocatoria (que algunos periódicos minimizaron de forma falaz en su momento) que tuvo la marcha a la que se unieron por un mismo objetivo, al menos en un inicio, alumnos de universidades privadas y públicas, como la Ibero, el ITAM, la Anáhuac, la UNAM y el Politécnico Nacional, entre otras; marcha que replicaron universidades de otras ciudades. Con la consigna inicial de mantener el movimiento apartidista, los jóvenes intercambiaron libros y alzaron su voz para exigir información veraz y objetiva en los medios, que ayude a la sociedad a emitir un voto inteligente el 1 de julio.

Hasta ese momento, el pliego petitorio de los estudiantes exigía medios objetivos e imparciales, la suspensión de las encuestas manipuladas y la transmisión del segundo debate presidencial en cadena nacional; asimismo pugnaban por el voto libre e informado, el fin de la violencia y el rechazo al viejo sistema.

Televisa aceptó transmitir el segundo debate en el canal 2 y TV Azteca en el 13, sus canales de mayor audiencia. Sin embargo, llama la atención la forma como exigieron estos jóvenes que el debate sea transmitido como por obligación en las principales cadenas de TV, lo cual rompe el equilibrio que debe existir en un país democrático, donde cada quien debe ser libre de elegir entre las opciones y donde no se debe imponer ningún contenido a la población, como si eso diera puntos a la democracia.

Causan preocupación algunas manifestaciones subsecuentes de este movimiento, en las que se han dejado ver pancartas con frases como: “Mario Basurto ¿dónde estás cuando se necesita?”, haciendo alusión a EPN, como si la muerte de ese o cualquier otro personaje aportara algo bueno a nuestro país. Es contradictorio que mientras reiteran su esencia apartidista, se manifiesten abiertamente contra un partido, demostrando que no son del todo incluyentes.

Los jóvenes tienen un impulso muy fuerte, pueden hacer cosas muy importantes a favor de México. Pero deben cuidar que este movimiento no derive en actitudes o conductas negativas e intolerantes que en nada abonan a la construcción de nuestra democracia.

Como es común en la política, al ver que los universitarios lograron la atención del público y de los medios, simpatizantes del PRD y otras organizaciones pretendieron subirse a la cresta de la ola. No obstante, varios de los estudiantes que impulsaron esta iniciativa se desmarcaron de todas las banderas y reiteraron su objetivo original: reprobar el sesgo informativo en la cobertura de las presentes campañas, y exigir una equitativa y veraz exposición de las diversas propuestas antes de las elecciones.
A mediano plazo, el movimiento se plantea otros objetivos,como la autorización de más cadenas nacionales de televisión en México (la Cofetel acaba de dar luz verde al proceso para licitar por primera vez frecuencias de TV abierta) para que exista más competencia y diversidad informativa.

Algunos de sus integrantes lo consideran el nacimiento de un movimiento estudiantil que detonó en México con la demanda inicial de democratizar los medios de comunicación, pero que carece de fecha de caducidad y pasará al ámbito de las propuestas.Si el reto de este movimiento es perdurar, es fundamental que se mantenga pacífico y que cuente con una dirección dispersa y horizontal, sin caer en la estructura formal de los viejos movimientos estudiantiles, pues solo así podrá influir en la elección presente y en la agenda de reformas de más largo plazo. Si se queda en meros lemas y propaganda, corre el riesgo de desdibujarse.

También podría resultar un golpe terrible para esta iniciativa si los jóvenes permiten que se infiltren intereses ajenos a su movimiento, prostituyéndolo y desviándolo de su esencia original. Vemos cómo están intentando aprovechar sus foros organizaciones como el SME, el sindicato y los maestros de la UNAM, los de Atenco, el CNTE, etc., que por cierto, apoyan a AMLO.

Este movimiento no debe ceder sino ir en el sentido de concretar la transición. Esto depende de nosotros, la mayoría silenciosa. Este llamado de las nuevas generaciones para que todos los mexicanos despertemos y nos comprometamos a consolidar la democracia y a construir una sociedad más madura, proactiva, comprometida y valiente, debe obligar a los políticos a replantear de fondo lo que ofrecen, para darnos la certidumbre de querer seguir por el rumbo democrático que trazamos todos los mexicanos en el 2000.

La juventud organizada puede impulsar muchos cambios si logra presionar asertivamente para que se cumplan los objetivos nacionales y se consolide la democracia en nuestro país. Es importante que no se desperdicie este redescubrimiento del poder transformador de los jóvenes, elemento vital de las grandes revoluciones culturales, sociales y políticas que ha vivido la humanidad a lo largo de su historia.