La lucha contra el narcotráfico y la seguridad nacional suelen centrarse en las estadísticas de muertos y las estrategias punitivas del Estado gendarme: la escandalosa punta del iceberg. Poco se ha analizado la filosofía que impregna nuestra cultura: el núcleo del iceberg.

Esa filosofía fue sintetizada por un sicario provinciano de rango menor durante una entrevista tras su captura: “Más vale vivir cinco años como rey, que cincuenta como buey”. Los beneficios: una vida con dinero, poder, mujeres, coches, drogas y lujos estrafalarios, amén de una fama peculiar. El costo de tener “lo mejor”: la muerte o la cárcel están a la puerta.

Suena demasiado burdo como para ser pensado por un ser racional. Pero se trata de las consecuencias más radicales de una filosofía que palpita en toda una cultura. En efecto, ¿acaso no percibimos anhelos similares (dinero, confort, viajes, mujeres, fama, poder) entre nuestros compañeros de universidad o de trabajo? Podemos encontrar la misma lista de aspiraciones  en la agenda de cientos de empresarios, políticos, profesionistas y estudiantes. La diferencia está en que los narcotraficantes radicalizan sus medios (al grado de llevar vida criminal) para lograr los mismos fines, mientras que aquéllos no son tan temerarios como para arriesgar su libertad y su vida. Por ello pienso que se trata verdaderamente de toda una “cultura”: se han sembrado ideales mezquinos a la masa y estamos cultivando sus consecuencias, con algunos focos de infección aparejados (como los narcotraficantes), evidencia de que algo se ha hecho mal.

En muchos mensajes de marketing, cierto tipo de cine y hasta en el estilo de educación que se da a niños y jóvenes, se pueden detectar elementos que preparan este caldo de cultivo:

1. Dinero rápido con el menor esfuerzo. Se busca la barita mágica de la riqueza instantánea, cuando lo cierto es que el trabajo no es una mera fuente de ingreso, también perfecciona al hombre el activar todas sus habilidades y capacidades. Además, es la fuente más grande de servicio y desarrollo para la comunidad; de ahí su gratificación, que ha de ser proporcional a lo que se aporta. Invertir el mecanismo es desastroso. Cuando el fin absoluto es el dinero, el trabajo es considerado solo un “medio”; el problema es que existen otros “medios” que pueden resultar más rápidos y lucrativos, como el fraude o el crimen organizado.

2. Consumismo materialista asfixiante. El deseo de consumir bienes materiales es sembrado a través de la propaganda, a grado tal que ha esclerotizado la sensibilidad artística, humanista y hasta espiritual de muchas personas, incluso desde la infancia.

3. Relaciones amorosas desvinculadas de cualquier compromiso. Se dan en ambos sexos, aunque hay mayor tendencia a mostrar a la mujer como un producto de “uso desechable”. ¿Qué diferencia hay, en este sentido, entre los empresarios y políticos que contratan “mujeres de ocasión” y las orgías de los zetas? Quizá que los primeros se mueven en un lujoso hotel. Pero la sórdida pretensión es la misma.

4. Deseo desorbitado de fama. Hoy nadie tiene más seguidores en Twitter que ese curioso objeto de colección del siglo XXI: Lady Gaga. Sin embargo, “el Chapo” Guzmán no solo está en la lista de los más ricos del planeta; los narcocorridos lo han hecho tan legendario como Villa y según datos que ha aportado la revista Forbes, es más relevante para el gobierno de EUA de lo que podría soñar Lady Gaga para sí misma.

En suma, damos de beber ideales rastreros a través del marketing, pero solo al brotar los bichos más dañinos –anti sistema– provocados por este brebaje, discutimos una cura para eliminarlos.

La respuesta no está solo en mantener un Estado gendarme capaz de inhibir y desmantelar los focos de infección, o en barajar mecanismos paliativos fruto de la impotencia, como la legalización de las drogas. El reto, a largo plazo, corresponde a la familia, la escuela y el Estado por igual, y consiste en inculcar a los hijos-alumnos-ciudadanos ideales elevados, de manera que aprendan a gozar aquellos bienes que vale la pena disfrutar viviendo cincuenta años.

Prefiero vivir como un Sócrates insatisfecho –un ser racional en busca de la verdadera felicidad– que como un cerdo satisfecho –una bestia bien alimentada de fango y en siesta.”

-Stuart Mill, El utilitarismo-

 

José Jorge Quesada es filósofo y ensayista  dedicado a la docencia.

quesada_jor@hotmail.com